miércoles, 16 de abril de 2014

lunes, 14 de abril de 2014

VISITA DE MONSEÑOR WILLIAMSON A COLOMBIA.- ALGUNAS FOTOS.


LA IMPLOSIÓN DE LA FSSPX.- MAX BARRET.

Padre Célier.


La implosión de la FSSPX…
Que algunos sufren atrozmente por ello, que otros se regocijan, que otros se refugien en una total indiferencia, el hecho ya no puede ser ocultado.
Sin embargo, esta no es la opinión de su Superior General, que escribió en Le Rocher” (Boletín suizo de la FSSPX de abril de 2014):
El desarrollo de nuestra Fraternidad que vemos realizarse bajo nuestros ojos es una causa de alegría, de acción de gracias.
Nosotros indudablemente no tenemos los mismos anteojos…
¡Monseñor Fellay está, pues, eufórico!... Actualmente, los desarrollos de la Fraternidad son -para él- ¡una causa de alegría y de acción de gracias!... Cuando los sacerdotes fieles no son expulsados, ellos mismos dejan la Fraternidad o planean hacerlo tan pronto como se aseguren una morada y un ministerio… ¡Y Mons. Fellay ve allí "una causa de alegría y de acción de gracias"!... ¡asqueados por la inflexión indudable del objetivo que se había fijado Mons. Lefebvre, viven el mismo desconcierto que sus predecesores 50 años antes!... ¡Mi esposa y yo mismo los conocimos, los albergamos! El mismo guion se produce de nuevo hoy.
¡Los turiferarios del concilio siempre se alegraron, ellos también, del éxito del Vaticano II!...
Pues no nos hagamos ilusiones. ¡El Padre Pivert está en camino de ser expulsado! El Padre Thouvenot (Menzingen) le reprocha haber publicado su libro “Nuestras relaciones con Roma” –sin autorización. Se entiende entonces que ningún padre de la Fraternidad puede –ni debe- publicar nada sin la autorización de la Casa general. ¡Por lo tanto, las “preciosas” obras del Padre Célier se beneficiaron de esta autorización!... Es bueno darse cuenta, pues fue gracias a este imprimatur que sus libros fueron recomendados, presentados, vendidos, alabados en todos los prioratos y todas las capillas de la FSSPX (menos una)… Y no solamente sucedió esto en nuestras esferas: “Le Figaro”, “La Croix”, “L’Homme Nouveau”, “Présent”, “Monde et Vie” y “La Nef” hicieron publicidad para Benedicto XVI y los Tradicionalistas”!... Veamos esto más de cerca…
¡Las obras y editoriales del Padre Célier, que tratan de las relaciones con Roma, todas fueron favorables al acuerdo!... Por supuesto, el talento del autor le permitió una cierta prudencia. ¡Pero el lector poco habituado a las disputas políticas no salía ileso! ¡Qué se relea "Benedicto XVI y los tradicionalistas"! ¡Es verdad que el “buen” Padre tenía sus relaciones! ¡Es su amigo Jean-Luc Maxence, un Francmasón de la Gran Logia de Francia, qué editó y prologó su libro! ¡Desde las negociaciones ocultas qué se tramaban en el GREC, ya no descuidaban las relaciones, incluso las más imprudentes, a fortiori cuando eran amistosas!...
Estos hechos son lo suficientemente graves como para temer la implosión de una sociedad que, por una parte, no supo controlar sus efervescencias internas y, por otra parte, se desvió de sus objetivos. Y los eventos que salen a la luz en Yvelines o en Lille, no nos insuflan una bocanada de oxígeno.
Una vigilancia de medida variable…
Hubiéramos esperado que el comité de vigilancia literaria de la Fraternidad hubiera sido tan escrupulosa con el contenido de la obra del Padre Célier, en razón de sus amistades; como lo hicieron con la obra del Padre Pivert. ¡Había materia! Regresemos atrás a fin de refrescar las memorias.
En 1977, el señor Jean-Luc Maxence publicó una obra contra aquellos que él llamaba los integristas: “Viva el cisma” (Ed. J.C. Lattès). Allí calificó a Monseñor Lefebvre como “Savonarola de pacotilla”.

Tomo el riesgo de escandalizar a mis lectores al publicar dos pasajes tomados de este libro:
 “La religión de obligación de nuestros padres es para ponerla en el armario de las reliquias piadosas, en el museo, entre el prepucio hipotético de Jesús y la túnica de la Santa Virgen. Nosotros ya no queremos las supersticiones histéricas de nuestras abuelas, las indulgencias que se ganaban a fuerza del rosarios, las absoluciones que se obtenían al recitar dos Padre Nuestro y tres Ave ante el altar de su Santo Miedo del infierno”.
(Viva el Cisma”, pág. 62)
El segundo:
 “En la vida de la Iglesia, los antiguos carceleros del pecado mortal hacen mucho ruido y mucho mal, y ya no hay compromiso posible, ni siquiera deseable, con los maníacos del Satanás justiciero y Príncipe de este mundo, los viejos sapos devotos que recitan los rosarios mecánicamente, los heraldos de estas formulas Latinas adormecedoras que arrullaban las misas de mi infancia, los obsesos del peligro rojo Escondido en la sacristía, los chochos de la Doctrina, los coleccionistas fanáticos de hipotéticas visiones mariales, los anunciadores de una edad de tinieblas, los cobardes de lo temporal, los inmovilistas de la genuflexión, los cortadores en cuatro de los dogmas desgastados, los ritualistas exacerbados, en breve, con todos aquellos que Jacques Maritain nombró en su obra “Le Paysan de la Garonne”, los “rumiantes de la Santa Alianza”. (op. cit. págs. 7 y 8)
¡Este es, amigo mío, el presentador y editor del Padre Célier!
Lea el artículo completo en Le Courrier de Tychique


domingo, 13 de abril de 2014

CONFERENCIA DE MONSEÑOR WILLIAMSON EN BOGOTÁ, COLOMBIA.



MIENTRAS MONSEÑOR FELLAY ANESTESIA A LOS FIELES, EL PADRE ANGLÉS PARECE MUY ACTIVO EN ROMA


Para leer el artículo completo: AVEC L'IMMACULÉE


Un sacerdote de la Resistencia nos escribe:

 “El Padre Anglés fue visto (recientemente) en la Congregación para los religiosos en Roma, durante una de sus ausencias de Irlanda. Iba de clergyman, y su físico no dio lugar a dudas. Un empleado de esta congregación afirmó que fue para determinar el estatuto futuro de la Fraternidad. Como el Padre Anglés es el consejero canónico de Monseñor Fellay, no veo cómo (monseñor Fellay) puede decir que ninguna negociación pública o secreta esté en curso con la Roma actual”.


Por otra parte un fiel afirma que una persona de Irlanda muy cercana del Padre Anglés afirmó en 2012 que este sacerdote estaba muy ocupado con la preparación del futuro estatus canónico de la Fraternidad.

sábado, 12 de abril de 2014

SÁBADO MARIANO: ¡NO OLVIDE REZAR SU ROSARIO!



El espíritu liberal se combate con el Rosario


«¿Sabes, querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?». «Señora, Tú lo sabes mejor que yo –respondió él–, porque, después de Jesucristo, Tú fuiste el principal instrumento de nuestra salvación». «Pues la principal pieza de combate ha sido el salterio angélico, que es el fundamento del Nuevo Testamento. Por ello, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, predica mi Salterio».

viernes, 11 de abril de 2014

COMENTARIO ELEISON Número CCCLII (352).-12 de Abril de 2014

GIRA EN FRANCIA
Aún más noticias buenas, esta vez desde Francia. Una vez más serán pequeñas en cantidad pero grandes en calidad. Un puñado de buenos sacerdotes se reúnen para actuar con vista a asegurar que la Fe continuará a ser defendida según la línea definida por Monseñor Lefebvre, situada entre el sedevacantismo a la derecha y el conciliarismo – de arriba. El Cuartel General de la FSPX continuará desarmando a sus seguidores al tiempo que un resto de sacerdotes alegres seguirán armandose a sí mismos con la verdadera religión, esperando la nueva etapa de su persecución.
Es lo que observé durante mi cuarta gira desde el pasado otoño en centros de Francia en los cuales los fieles se muestran interesados en la doctrina anti-liberal de los Papas católicos desde Pío VI (1717-1799) hasta Pío XII (1876-1958). Esta doctrina no era nueva, aún desde el principio del siglo y medio durante el cual ella fue expuesta. Se trata simplemente de esta parte particular de la enseñanza católica de siempre que necesitaba ser refrescada debido a que el orden social cristiano de 15 siglos se encontraba socavado y suplantado por la Revolución Francesa de 1789.
Esta Revolución no fue otra cosa que la Masonería en guerra contra Dios. Su propósito era derribar el trono y el altar. Desde entonces, los tronos católicos han sido prácticamente derribados por la “democracia”, mientras que los altares católicos han sido virtualmente derribados por la conversión a la religión del hombre operada por el Concilio Vaticano II. Al contrario, Monseñor Lefebvre, permaneciendo agarrado a la religión de Dios, deseaba que sus seminaristas estén perfectamente imbuidos de la doctrina contra-Revolucionaria de la Iglesia con el propósito de que sepan ejercer su resistencia Católica en medio de un mundo liberal. Por esta razón los fieles Católicos que se dan cuenta como la Fraternidad San Pio X de Monseñor Lefebvre está siendo, con artera astucia, transformada en una Neo-fraternidad, se interesan en las Cartas Encíclicas Papales de los 150 años anteriores al Concilio Vaticano II. La primera de mis cuatro giras de conferencias ha incluido cinco paradas, y la última gira realizada entre el fin de Marzo y el principio de Abril, nueve, y bien puede haber cada vez más invitaciones. De todas formas se encuentran siempre más fieles franceses que abren sus ojos sobre la manera en la cual se desvía la Fraternidad de su misión.
 ¡Ay! Son demasiados los sacerdotes de la Fraternidad todavía ilusionados por un maestro de la seducción, perdido en su sueño mundano. Encontré algunos de ellos en mi última gira. Sin lugar a dudas se trata de buena gente. Ellos han sido buenos sacerdotes, tienen los ojos abiertos y son muchas las cosas que ven, pero cuando vuelven a ser expuestos una vez más a este seductor, su visión se nubla y su voluntad se encuentra debilitada. El verbo griego “diaballein” de donde provienen las palabras castellanas “diabólico” y “diablo” significa poner al revés, lanzar en la confusión.
Esos sacerdotes confundidos hacen contraste con la media docena de los otros mencionados más arriba quienes han visto claro y actúan en consecuencia de lo que ellos ven. La tensión por la cual ellos fueron torturados mientras trataban de mantenerse leales a sus líderes diabólicos, pertenece al pasado. Ellos muestran una gran serenidad y hacen con alegría planes para asegurar la continuidad de la obra de Monseñor Lefebvre. El Padre de Mérode, ordenado hace varios años, ha dejado la Fraternidad por decisión propia. Ha comprado una casa en Lourdes y está comprando otra en el suroeste de Francia. Las dos servirán de base para el apostolado de las numerosas almas interesadas de la región, y como refugios para los sacerdotes que las podrían necesitar. Puedo añadir que encontré un alma venerable en Lyon que ofrece a todo sacerdote que busque un techo, uno de sus pequeños apartamentos en esta ciudad. Así mismo la Casa de la “Resistencia” de Broadstairs en Inglaterra está ahora abierta y puede recibir la visita de sacerdotes. Uno de ellos ya nos visitó. Discreción garantizada, en la medida en que depende de nosotros.
Kyrie eleison.
Desde afuera, Monseñor, de vuestra organización desviada,
 Vuestra noble empresa continúa tal como usted la deseaba.


STABAT MATER

                                                       

                                             Estaba la Madre Dolorosa
junto a la Cruz llorosa
en que pendía su Hijo.
Su alma gimiente,
contristada y doliente
atravesó la espada.
¡Oh, cuán triste y afligida
estuvo aquella bendita
Madre del Unigénito.
Languidecía y se dolía
la piadosa Madre que veía
las penas de su excelso Hijo.
¿Qué hombre no lloraría
si a la Madre de Cristo viera
en tanto suplicio?
¿Quién no se entristecería
a la Madre contemplando
a su doliente Hijo?
Por los pecados de su gente
vio a Jesús en los tormentos
y doblegado por los azotes.
Vio a su dulce Hijo
muriendo desolado
al entregar su Espíritu.
Ea, Madre, fuente de amor,
házme sentir tu dolor,
contigo quiero llorar.
Haz que mi corazón arda
en el amor de mi Dios
y en cumplir su voluntad.
Santa Madre, yo te ruego
que me traspases las llagas
del Crucificado en el corazón.
De tu Hijo malherido
que por mí tanto sufrió
reparte conmigo las penas
Déjame llorar contigo
condolerme por tu Hijo
mientras yo esté vivo.
Junto a la Cruz contigo estar
y contigo asociarme
en el lanto es mi deseo.
Virgen de Vírgenes preclara
no te amargues ya conmigo
déjame llorar contigo.
Haz que llore la muerte de Cristo
házme socio de su Pasión,
haz que me quede con sus llagas.
Haz que me hieran sus llagas
haz que con la Cruz me embriague
y con la Sangre de tu Hijo.
Para que no me queme en las llamas
defiéndeme tú, Virgen santa,
en el día del juicio.
Cuando, Cristo, haya de irme,
concédeme que tu Madre me guíe
a la palma de la victoria.
Y cuando mi cuerpo muera,
haz que a mi alma se conceda
del Paraíso la gloria.

martes, 8 de abril de 2014

LA JURISDICCIÓN DE MONS. FELLAY Y LOS ABUSOS DE LA FRATERNIDAD.


Hace algunos años, Monseñor de Galarreta le pidió a Dom Tomás de Aquino que renunciara como Padre Prior de la Santa Cruz. Poco después, Monseñor Fellay le pidió: “reunir a la Comunidad y presentar ante todos su renuncia” (carta del 12 de enero de 2010). ¿De qué derecho y por qué jurisdicción pueden hacer estas cosas? Para mejor “convencer”, Monseñor de Galarreta le aseguró también que el distrito de América ya no enviaría ninguna vocación a la Santa Cruz. ¿Qué buscaban con estas presiones? ¿El bien común o quitar de en medio a todos los oponentes al acuerdo con la Roma modernista?
El 21 de junio de 2012, el Padre Thouvenot llamó al padre prior de Avrillé para preguntarle: “Padre, si firmamos un acuerdo con Roma, ¿usted nos seguirá?” El Padre Prior confesó ignorar la base doctrinal sobre la cual estaría fundado este acuerdo con Roma. El Padre Thouvenot le contestó: “Efectivamente, usted no conoce este texto, yo no puedo comunicárselo. Es secreto. Debe tenernos confianza”. El Padre Prior le pidió dos días de reflexión. Al día siguiente, antes de terminarse el plazo acordado, los dominicos recibieron un fax de Monseñor Fellay informándole su negativa a ordenar al sacerdocio a los tres hermanos de la comunidad. Enseguida del fax, el Padre Thouvenot escribió:
“Le he dado cuentas de nuestra conversación de ayer a Monseñor Fellay, pero visiblemente, el simple hecho que usted haya hecho escuchar el sermón delirante del Padre Koller a la comunidad, como el hecho de que usted requiera más de 24 horas para responder a una simple pregunta de confianza hacia la autoridad, han sido suficientes para convencerlo que era mejor diferir las ordenaciones. Esta mañana él le ha hecho llegar un fax que se lo informa. Esperando que usted cerrará filas y restablecerá las relaciones normales de armoniosa colaboración, le aseguro mi religiosa devoción”.
Estos dos hechos justifican ampliamente el título de nuestro artículo. Desgraciadamente, otros hechos pueden ilustrar la gravedad de la situación.
¿En nombre de cuál principio un prior o un superior de distrito pueden telefonearle para prohibirle invitar a una reunión, en su propia casa, a Monseñor Williamson o a un sacerdote que ya no forma parte de la FSSPX? ¿En nombre de qué autoridad pueden ellos prohibirle llamar a Monseñor Williamson para dar el sacramento de la confirmación a sus hijos? ¿En nombre de qué derecho ellos pueden pedirle a una orden religiosa amiga que lo excluyan de la Tercera Orden? Etc.
Para responder a estas preguntas, quisiéramos regresar sobre un artículo que pasó demasiado desapercibido: Único capitán a bordo, Monseñor Fellay… este artículo contiene preciosas observaciones. El autor constata allí una praxis revelando una teoría que era subyacente desde hace mucho tiempo pero que hace poco se hizo patente. La FSSPX se toma, si no como la Iglesia, al menos como el “bote salvavidas” y actúa abusivamente como si ella tuviera una jurisdicción sobre los fieles olvidando lo que ella enseñó desde su comienzo: En vista del estado de necesidad, la FSSPX solamente tiene una jurisdicción de suplencia.
Quisiéramos brevemente retomar los pasajes esenciales de este artículo y agregarle algunas observaciones.
Un debilitamiento doctrinal
El año 2012 fue marcado en el seno de la FSSPX por un evidente cambio de óptica. Antes del 2012, la FSSPX excluía oficialmente la posibilidad de un “acercamiento” con Roma antes de verla volver al magisterio Tradicional. Esta posición se fundaba en la experiencia de más de treinta años de relaciones con Roma. Pero en 2012, el Capítulo General admitió explícitamente la posibilidad de un acuerdo práctico con las autoridades romanas actuales, sin acuerdo doctrinal, como lo confirmó la declaración del 27 de junio de 2013 de los cuatro obispos menos uno de la Fraternidad.
El Padre Jean, capuchino, iluminó perfectamente este debilitamiento del combate de la fe:
 “Durante años, Monseñor Lefebvre –hasta las consagraciones- buscó discutir con Roma. (…) Monseñor Lefebvre tuvo declaraciones en el sentido práctico diciendo “dejadnos hacer la experiencia de la Tradición”. (…) Y después se dio cuenta que había ido demasiado lejos, lo dijo, lo reconoció. El 5 de mayo, cuando firmó el protocolo. Fue demasiado lejos porque transigió sobre la cuestión de la doctrina. Hizo pasar lo práctico por delante. (…) en el Fideliter n° 66 de diciembre del 88, en su portada él escribió: “Para retomar los coloquios, yo pondría mis condiciones”. Esto es lo que Monseñor Lefebvre dijo después de las consagraciones y lo mantuvo hasta su muerte y es lo que nos legó. (…) Durante años y años, este principio fue mantenido. (…) desgraciadamente, desde hace algún tiempo, que podemos situar al finalizar las discusiones romanas, es decir en el otoño de 2011, poco a poco nos vimos obligados a constatar que las autoridades de la Fraternidad abandonaron este principio”.
Un endurecimiento pastoral
Frente a los fieles y a los sacerdotes que se atreven a manifestar públicamente su oposición a este debilitamiento, las autoridades desviadas comprueban su endurecimiento, pues como lo señaló Louis Veuillot: “No hay mayor sectario que un liberal”.
Uno de los cuatro obispos consagrados por Monseñor Lefebvre fue expulsado, numerosos sacerdotes han tenido que salir de la Fraternidad, niños han sido expulsados de las escuelas en Estados Unidos, fieles han sido amenazados o privados de sacramentos en Francia, Inglaterra, Polonia, México, Uruguay, Argentina, Italia, etc. En Francia, un prior creyó conveniente decirle a los fieles: “Si me entero que vienen a la misa gentes que critican la Fraternidad toda la semana, no dudaré en privarlos de los sacramentos”.
Por la misma razón, en junio de 2012 las ordenaciones de los Capuchinos y Dominicos fueron anuladas. A un sacerdote que preguntó la razón, Monseñor Fellay respondió: “Es una falta de confianza personal que comprobé respecto a estas comunidades… y es tan grave ordenar a un sacerdote, que yo prefiero esperar…” (9 de noviembre de 2012, París). Para mesurar lo grotesco, arbitrario y monstruoso de esta respuesta, los fieles deben saber que los diáconos capuchinos estaban en retiro con los de la Fraternidad cuando se les informó el rechazo para ordenarlos. Comparemos ahora esta reacción de Monseñor Fellay hacia las comunidades amigas con la reacción de Monseñor Lefebvre frente a la presión romana:
«Ustedes saben que el nuncio vino a pedir que yo no haga las ordenaciones, entonces por supuesto que yo le dije : no es a diez días de las ordenaciones que se puede hacer una cosa semejante, no es posible. Yo diría, incluso hablando humanamente. Estos jóvenes sacerdotes han trabajado durante cinco años para prepararse a la ordenación, y a diez días de su ordenación, mientras que sus padres están listos para venir, mientras que las primeras misas han sido anunciadas en todas partes, es en este momento que me piden no hacer las ordenaciones. Ordenaciones que son legítimas. Estos seminaristas, que hicieron sus estudios de manera regular, tienen un derecho natural a tener el resultado de la preparación que han realizado” (Cospec 32A)
¿Monseñor Fellay tenía el derecho y la moral para actuar de esta forma? Los sacerdotes que privan de sacramentos a los fieles o que inquietan las conciencias, ¿tienen el derecho de hacerlo?
Una jurisdicción de suplencia…
El Compendio de Teología Moral de San Alfonso de Ligorio indica (T II, § 612, p. 362): “La censura no se puede interponer contra los infieles, ni contra las personas sobre las cuales no se tiene jurisdicción”. (Por el padre Joseph Frassinetti, prior de Santa Sabina en Gênes, Tomos I y II traducidos por el Padre P. Fourez, licenciado en teología, 1889)
Sabemos que la iglesia conciliar niega toda jurisdicción a la FSSPX. El poder de jurisdicción de Monseñor Fellay no viene entonces del Vaticano. Monseñor Fellay y sus sacerdotes no disponen de ninguna “jurisdicción ordinaria” sino de una “jurisdicción de suplencia” que es “una jurisdicción de auxilio que se le da por derecho a todo obispo y a todo sacerdote en caso de necesidad, por el bien común, cuando no recibió de las autoridades los poderes necesarios”. (Sel de la Terre n° 87, pp. 139-140)
“Sin embargo, hay que precisar que una autoridad de suplencia no tiene las mismas características que la autoridad existente ordinariamente en la Iglesia: se ejerce caso por caso, por lo que no es habitual, es decir que las personas que se benefician de ella pueden retirarse y la autoridad de suplencia no tiene ningún poder para hacerlos regresar. Ella depende de la necesidad del fiel, habiendo estado de crisis. Es en la medida en que los fieles tengan necesidad de estos obispos o sacerdotes para la salvación de su alma, que la Iglesia creó este lazo de autoridad entre ellos. Todo esto muestra que la jurisdicción de suplencia da una autoridad limitada y muy delicada para ejercer. La autoridad jurisdiccional del obispo, no viniéndole de una nominación romana, sino de la necesidad de salvación de las almas, deberá ejercerse con una delicadeza particular” (Monseñor Lefebvre, nota del 20 de febrero de 1991, citado en Le Sel de la Terre n° 87, p. 142)
En su homilía de la Misa de Lille, en 1976, declaró: “Se dice que soy el líder de la Tradición. Yo no soy el líder en lo absoluto”. Pensar en tener una jurisdicción ordinaria cuando ella es solamente de suplencia, es “fundar nuestro apostolado sobre una base falsa e ilusoria”. (Extracto de una carta de Monseñor Lefebvre, citado por el Padre Pivert en Las Consagraciones de Monseñor Lefebvre… ¿Un cisma? Fideliter, 1988, págs. 55-50)
…convertida en una dominación perversa.
Actualmente, todo sucede como si Menzingen pensara tener que alinear a todos los fieles y todas las instituciones religiosas de la Tradición a sus opciones personales.
El fiel no tiene ninguna obligación de aprobar a Monseñor Fellay en su búsqueda de la prelatura personal.  En Inglaterra, en Italia, a los fieles se les ha pedido (¡algunos por teléfono!) de no poner sus pies en las capillas. Por el motivo de tener sitios de internet que critican la nueva orientación de Monseñor Fellay… Unas religiosas prohibieron a un señor acolitar la misa cuando él lo hacía habitualmente en la capilla del convento: su crimen fue haber asistido a la misa de un sacerdote “resistente”. El ORDO 2014, con su repertorio de lugares de culto tradicional, suprimió de la lista al Monasterio Benedictino de la Santa Cruz (Nova Friburgo, Brasil). Siendo que desde las consagraciones, la posición teológica de este monasterio no ha cambiado. ¿Cuándo terminará esta tiranía?
El bien de las almas ya no es la finalidad de la autoridad. La Fraternidad ha salido de los límites de la jurisdicción de suplencia. Está usurpando un papel que no le corresponde, y esta usurpación no es de la Iglesia: es sectaria.
Una autoridad inmoral
Este cambio de rumbo, hecho público en 2012, pone a la Fraternidad fuera de los límites de su poder legítimo. Es una grave deriva que la moral no tolera. Ella atestigua una mentalidad autovalidante y despótica, completamente desprovista de caridad. En Francia, un prior se dirigió a un Caballero de Nuestra Señora, de 86 años, en una reunión de trabajo en el priorato con estos términos: “¡Lárguese de aquí! Su crimen: estar en contra de un acuerdo con Roma…
“En las cuestiones controvertidas, los predicadores y los confesores deben evitar definir que una cosa es pecado, y sobre todo pecado mortal, sobre la autoridad de los teólogos o incluso de muchos teólogos; una decisión semejante requiere el consentimiento universal de los autores. Igualmente, un confesor no podría, sin injusticia, negar la absolución a un penitente decidido a actuar de manera contraria a una opinión sostenida por uno o varios teólogos, pero cuestionada por otros teólogos católicos ( Frassinetti, Tomo II, pág. 27).
Como los confesores no tienen ninguna autoridad para decidir de cuestiones teológicas, encuentro como De Lugo y otros autores citados por San Alfonso, que el penitente tiene evidentemente el poder de poner su opinión en práctica, desde el momento que esta opinión es sostenida por buenos teólogos y que tiene por consecuencia una sólida probabilidad, al menos extrínseca; y esto, aunque el penitente sea el hombre más ignorante del mundo y aunque la opinión le parezca absolutamente falsa al confesor. (Frassinetti, Tomo II, nota 141 del n° 448)
Pues numerosos sacerdotes manifiestan públicamente un punto de vista teológico legítimo y argumentado contrario al de Monseñor Fellay: Monseñor Williamson, antiguo Director de Seminario y antiguo profesor del padre Bernard Fellay, los Padres Chazal, Pfeiffer, Girouard, el Padre Jean, el Padre Pierre Marie…
El pretexto del bien común, la calificación de “subversivos” impuesta a los que sostienen opiniones contrarias a Menzingen no tienen ningún valor en este caso,  pues el verdadero bien común jamás va en contra de la moral y cuando quieren cambiar de manera disimulada la finalidad de un organismo, es absurdo calificar de subversivos a los que resisten esta subversión insidiosa. La verdad es que la Fraternidad quiere extender su poder. Ella ya no tiene en cuenta la particularidad de su jurisdicción. Ella se cree con derecho de decidir todo en el interior del pequeño mundo que constituyen los fieles y las congregaciones unidas a la Tradición. Perpetuar el sacerdocio, conservar la santa Misa y la doctrina de la Fe, asegurar el apostolado a los fieles, llevarles los sacramentos de Nuestro Señor Jesucristo, son objetivos que ya no satisfacen a algunos. Sueñan en constituir una especie de mini-iglesia beneficiándose de la protección papal…
He aquí un último hecho para comprender hasta dónde puede ir el vértigo de la dominación. El 13 de noviembre de 2013, Monseñor Fellay decidió, después de renegar de su compromiso, que los 5 religiosos profesos perpetuos de la comunidad dominica de Avrillé que se encontraban fuera del convento, debían reagruparse en una casa para convertirse en una “segunda rama” en Steffeshausen. Monseñor Fellay nombró a Monseñor de Galarreta como superior de esta casa. Las cartas escritas a Monseñor Fellay y a Monseñor de Galarreta preguntándoles “cómo tal proceder puede ser conforme a la Tradición y al derecho de los religiosos y e incluso al derecho natural” permanecieron sin respuesta.
La actitud de estos dos obispos difiere de la de Monseñor Lefebvre. El Padre Schmidberger en una carta del 27 de mayo de 1991, dirigida a los religiosos de la Tradición, reconoció que Monseñor Lefebvre “fue más Padre, consejero y amigo que autoridad en sentido jurídico” y que “recurrían a Monseñor Lefebvre como a una autoridad de suplencia”. En 1991, era evidente que “cada comunidad es absolutamente libre de dirigirse, o no, a (monseñor Fellay). Ni él, ni la Fraternidad tienen la mínima intención de meter la mano en otras comunidades de la manera que sea. También será necesario ver en su acción el ejercicio de una jurisdicción extraordinaria y no ordinaria…”
En 1981, Monseñor Lefebvre protestó solemnemente que él no quería ser “el Jefe General” de la Orden. Pero en octubre de 2012, en Bellaigue, Monseñor de Galarreta le dijo al padre prior de Avrillé que él debía considerar a Monseñor Fellay como teniendo el lugar de Jefe General de la Orden.
Monseñor Fellay y Monseñor de Galarreta creen tener el derecho de intervenir directamente en la vida religiosa de una comunidad. Ellos pueden hacer salir de ellas a los sujetos, acordarles una exclaustración sin límite de tiempo –sin preocuparse del derecho canónico ni de las constituciones del instituto- o autorizarlos a pasar una temporada fuera del convento y a hacer apostolado sin ningún control e incluso sin prevenir a sus superiores legítimos. Ellos pueden autorizarlos a fundar una “nueva rama”. Ellos pueden aún tener correspondencia secreta con los religiosos y alentarlos a proporcionar informes secretos y a desconfiar de sus superiores legítimos.
En consecuencia…
¿Cómo tener confianza en esos obispos? ¿Qué quiere la Fraternidad Sacerdotal San Pio X? ¿Una obediencia sin murmuración y una confianza ciega? ¿Pero cómo exigir tal cosa cuando sabemos que el Superior de esta Fraternidad aprueba como una cosa buena su declaración del 15 de abril de 2012 que reconoce el magisterio actual, la legitimidad de la misa de Paulo VI y el nuevo código de derecho canónico?
No solamente la nueva orientación de la FSSPX no es obligatoria, es peligrosa y suicida. Por lo tanto ella puede ser criticada con toda libertad tanto en público como en privado. Todas las censuras impuestas contra los que quieren continuar el buen combate de la fe resistiendo a las maniobras de unión con Roma son nulas y constituyen un abuso de poder. Las censuras de Monseñor Fellay para hacer callar a sus oponentes de su política son además pecados que causan un escándalo para la fe. A fuerza de frecuentar a los modernos, la Casa General atrapó el vicio romano de la subversión.

 “Es del modernismo hacer que los fieles se sometan por el chantaje de la virtud y del amor de Dios, y la abolición, en nombre de la virtud, de los medios indispensables de formación y de conservación. El modernismo hace caminar a las víctimas en nombre de la obediencia, gracias a la suspicacia de orgullo sobre toda crítica de las reformas, en nombre del respeto al papa, en nombre del celo misionero, de la caridad y de la unidad” (Padre Calmel, Carta del 8 de agosto de 1973)

R.P. HUGO RUIZ V.- SERMÓN DOMINGO DE PASIÓN.

CRITICA DE LA RESPUESTA DEL CONSEJO GENERAL A LA CARTA DE LOS TRES OBISPOS- PADRE PIVERT.

VEA LA RESPUESTA DEL CONSEJO GENERAL A LOS TRES OBISPOS ACÁ.
La Iglesia visible
Lo que domina en esta respuesta, es la identificación de la “iglesia visible cuya sede está en Roma” con la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo.
El problema se señala en primer lugar en un gran silencio. Monseñor Lefebvre ponía siempre la fe en primer lugar y juzgaba todo con relación a ella. Fue ella quien le permitió distinguir y definir la Iglesia, la iglesia conciliar, nuestro lugar en la Iglesia y nuestras relaciones con el Papa. Lo hemos comprendido suficientemente con las citas del capítulo precedente.
El Consejo General no retiene en ningún momento a la fe como criterio, sino únicamente la visibilidad y el papado. Esto es olvidar que la visibilidad que caracteriza la Iglesia es la de la Fe y no una visibilidad material. Igualmente, el consejo identifica casi a la iglesia visible con el papa, ya que la posición de los tres obispos que denuncian los errores romanos es asimilada al sedevacantismo.
Ya el Padre Calmel recordaba, contra los modernistas, que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Jesucristo, y no el cuerpo místico del papa.
El mismo error se presenta ahora entre nosotros y se manifiesta por afirmaciones como esta:
 “El principio de unidad es nuestro Superior General” ¡No! El Superior General es un principio de unidad pero no EL principio: él no es ni el primero ni el único. La fe, la fidelidad al legado, la caridad, son los principios que preceden al Superior General, al servicio de los cuales él debe obrar.
Igualmente, al afirmar respecto al Superior General: “Esta dialéctica entre verdad/fe y autoridad es contrario al espíritu sacerdotal”, el Consejo general tiende a identificar el gobierno y las decisiones del Superior General con la norma de la fe.
Por otra parte, el Consejo General se acomoda diciendo que siempre habrá herejías en la Iglesia. “Opportet hoereses esse, conviene que haya herejías”, escribe. Pero San Pablo proclama otra cosa completamente: “Pues es necesario que haya incluso herejías a fin de que aquellos de ustedes que tienen una virtud comprobada sean reconocidos”. Y Fillion, comentador bien conocido explica: Este es el motivo providencial de las herejías. Ellas provocan una crisis que permite a los cristianos sólidos y perfectos manifestar su vigor en la fe y en la caridad, de manera que se gane la aprobación divina. El “incluso” de “Conviene que incluso haya herejías” es muy acentuado, precisa Fillion.
Por lo tanto, para nosotros, las herejías nos empujan a reaccionar, primero por fidelidad, después para salvar las almas predicando la fe, sobre todo en donde la herejía los ha inquietado o arrastrado.
Para el Consejo General, al contrario, las herejías no pueden impedirnos buscar un acuerdo, incluso con los modernistas. Y esto aunque el modernismo es la suma de todas las herejías. San Pio X lo afirmó en el texto que mencionamos: Y ahora, abarcando con una sola mirada la totalidad del sistema, ninguno se maravillará si lo definimos afirmando que es un conjunto de todas las herejías. Pues, en verdad, si alguien se hubiera propuesto reunir en uno el jugo y como la esencia de cuantos errores existieron contra la fe, nunca podría obtenerlo más perfectamente de lo que han hecho los modernistas. (Encíclica Pascendi sobre el modernismo).
Al contrario de San Pio X, el Consejo General atenúa la gravedad de los errores del concilio del cual no hay que hacer “súper-herejías”. Por dos veces, un profesor de teología en Ecône nos ha afirmado estar de acuerdo con Monseñor Fellay en esto. Él trabaja en este sentido, es decir, a desinflar las “súper-herejías”.
Él nos afirmó notablemente que la enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa no era contraria a la enseñanza tradicional de la Iglesia, ¡pues “los justos límites” salvarían todo! Nosotros le hicimos la observación que la libertad religiosa hacía desaparecer la realeza de Cristo Rey. Nosotros sabemos bien que somos el único testigo de estas afirmaciones y que un testimonio único no es aceptable. Pero esperamos que la verdad será conocida por otros testimonios.
Empujando la lógica hasta el límite, el Consejo General llama al espíritu sobrenatural y a la gracia para sostener su posición. Sí, si Dios quisiera una Iglesia esencialmente visible y estructurada, bendeciría a aquellos que trabajan en este sentido y maldeciría a aquellos que, estableciendo la fe como criterio esencial, declaran que los conciliares no son católicos. Pero lo contrario es lo verdadero.
La fe y la gracia son desviados así de su objeto, puestas al servicio de lo que les es lo más opuesto.
Fe y resultados concretos.
La razón de este debilitamiento o de esta desaparición de la fe es que el Consejo General se estableció principalmente en la práctica, en la acción, en lo concreto. Esto puede resumirse así: “La cuestión crucial entre todas, es la posibilidad de sobrevivir en las condiciones de un reconocimiento de la Fraternidad por Roma…” Para nosotros, la cuestión crucial es la fe con su corolario, el reinado de Cristo Rey por la Cruz. La unión con Roma no puede ser considerada más que al servicio de la fe y de este reinado.
El modelo que nos presenta el Consejo General, son los Gedeón, los David en el combate, no los profetas recordando severamente las verdades, ni San Pablo en la predicación del Evangelio, ni San Juan en el Apocalipsis. Para nosotros, el combate sí, pero definido respecto a la fe. Nosotros no tenemos nada en contra el hecho de tomar a Gedeón y David como modelos, al contrario, pero a condición de definir su acción respecto a la fe en Jesucristo.
No solamente el Consejo General se sostiene en las consideraciones concretas y prácticas, no a los principios, sino que considera principalmente los movimientos, no las verdades. Así, él toma los gestos de estos últimos años como indicando una línea, un cambio de actitud, un nuevo movimiento, una pérdida de velocidad de la jerarquía. Afirma que hará falta tiempo, que no podemos exigir todo de una sola vez.
Al contrario, si el Consejo General tomara la fe por criterio, constataría que ella es una, indivisible, que no hay nada de más ni de menos en las verdades a creer. Admitiría que, incluso si el apostolado se desarrolla en el tiempo y supone negociaciones progresivas, siempre está penetrado de la fe y es ella lo que busca el apóstol hacer descubrir en las acciones que realiza. Esto supone que la fe penetra no solamente el corazón y el espíritu del apóstol, sino también que sus obras estén penetradas, que sean obras de fe. Contemplar y entregar a los otros el fruto de su contemplación, tal es el apostolado.
El bien común de la Fraternidad San Pio X
Nos queda un último punto que señalar, es que el Consejo General declaró: “Por el bien común de la Fraternidad, nosotros preferiríamos de lejos la solución actual de status quo intermediario, pero manifiestamente, Roma ya no lo tolera”.
Esta afirmación pone la voluntad del papa encima de todo, como si ella fuera el bien en sí misma y por naturaleza. Un voluntad de jefe no se impone más que si ella es sabia. Nosotros desarrollamos esta consideración en el libro que acabamos de editar ¿Qué derecho para la Tradición católica, las actas de los procesos Salenave y Pinaud. El bien no es bien si no es verdadero, la ley no es norma si no es sabia. El adagio lo dice muy bien: El derecho está por encima de la ley. Una orden no se impone si no pone orden.
Haciendo prevalecer sin ninguna otra consideración la simple voluntad del papa, que además es un papa modernista, el Consejo General comete el error del positivismo jurídico que desemboca directamente en el nominalismo: si no se puede conocer la naturaleza profunda de las cosas, si las palabras no expresan ninguna sabiduría, las normas son una pura gestión de relaciones entre individuos.
En segundo lugar, si la voluntad del Papa es buena, entonces esta se tornará necesariamente en provecho y en bien de la Fraternidad San Pio X. Cuando el Papa León XIII exigió que los misioneros de Notre Dame del Sagrado Corazón enviaran treinta misioneros a Papúa, a pesar de las dificultades, lejos de tornarse en detrimento, se tornó en la satisfacción y en la gloria de los misioneros papúes.  ¡Qué bien lo hicieron, qué alegría sacaron! Hay que leer 21 años con los papúes, reeditado por nosotros.
Si fuera por el bien de la Iglesia, ¡qué dificultades estaríamos dispuestos a soportar, nosotros que tanto soportamos a ejemplo de Monseñor Lefebvre!
Al contrario, si la voluntad del Papa es mala, entonces obedecerlo no podría más que tornarse en detrimento de la Fraternidad San Pio X. Una congregación más en el gran conglomeración modernista, esto no es lo que deseamos.
En tercer lugar, nuestros superiores están dispuestos a sacrificar el bien común de la Fraternidad San Pio X para seguir la voluntad del Papa que ellos hicieron suya. Es una confesión de la destrucción de la Fraternidad San Pio X, pues destruir el bien común es destruir la sociedad, incluso si sus estructuras siguen en su lugar. Nosotros tenemos confianza en nuestros superiores para guiarnos en el legado de Monseñor Lefebvre hacia el bien de la fe, hacia el reinado de Cristo Rey, y ellos nos llevan hacia los herederos del Vaticano II, ellos, que reemplazaron el reinado de Cristo por el del ecumenismo, es decir, el de los ídolos. Ellos traicionaron nuestra confianza.
Para llegar a eso, no dudaron en mantener secreta durante un año la declaración doctrinal del 25 de abril de 2012 que fue revelada hasta marzo de 2013 en el boletín interno Cor Unum n° 104. Ellos esconden sus designios a sus cofrades obispos. Ellos condenaron un libro que daba la enseñanza de Monseñor Lefebvre. Ellos echaron a un obispo y sacerdotes, condenaron a un sacerdote a suspensión a divinis, etc.
En cuarto lugar, como el bien común de la Fraternidad San Pio X y de la Tradición no es otro que el legado de Monseñor Lefebvre y, a través de él, de toda la Iglesia desde hace 2000 años, destruir este bien común es destruir el de la Iglesia.
En quinto lugar, constatamos que el Consejo General trabaja los espíritus para hacerlos evolucionar y hacerlos adherirse a pesar de ellos a lo que es contrario al bien común de su sociedad. Es la subversión. ¿De dónde viene ella? Este trabajo de subversión aparece claramente con los siguientes documentos.
El Consejo General es culpable de cinco faltas contra el bien común de la Fraternidad San Pio X y de la Iglesia.


lunes, 7 de abril de 2014

IGLESIA CATÓLICA E IGLESIA CONCILIAR, LA ENSEÑANZA DE MONSEÑOR LEFEBVRE.- PADRE PIVERT.

Por el R.P. Pivert, en Le Combat de la Foi n° 168 (prohibido antes de su aparición)


Todo el problema de la crisis de la Tradición yace en el desconocimiento del modernismo y en el temor de cisma, el temor de afirmar la existencia de una iglesia conciliar o de una secta conciliar en la Iglesia. En cuanto al conocimiento del modernismo, no podemos tratarlo aquí, es suficiente proporcionarles esta cita de San Pio X en su Encíclica Pascendi sobre el modernismo:Y ahora, abarcando con una sola mirada la totalidad del sistema, ninguno se maravillará si lo definimos afirmando que es un conjunto de todas las herejías. Pues, en verdad, si alguien se hubiera propuesto reunir en uno el jugo y como la esencia de cuantos errores existieron contra la fe, nunca podría obtenerlo más perfectamente de lo que han hecho los modernistas”. Por lo demás, estamos obligados a dirigir a nuestros lectores a los numerosos estudios sobre el tema.
En cuanto a la iglesia conciliar, creemos necesario recordar la clara enseñanza de Monseñor Lefebvre. Comenzaremos dando la célebre declaración del 21 de noviembre de 1974, después de la cual daremos los textos que la completan y la precisan.

LOS CAPÍTULOS GENERALES DE 2006 Y 2012 DE LA FSSPX.- ANÁLISIS DEL PADRE PIVERT.

POR FAVOR LEA EL TEXTO DE LA DECLARACIÓN DEL CAPÍTULO DE 2006 AQUÍ.
El Capítulo de 2006 se resume así:
1. Un capítulo extraordinario será convocado. Es decir, que la decisión saldrá de toda la Fraternidad San Pio X y no solamente del Superior General. Esto es normal, pues se trata de un acto grave que comprometería a toda la Fraternidad.
2. El Capítulo pide, por el rosario, la rehabilitación de la Realeza de Nuestro Señor y de María.
Cuando el autor de las dieciséis páginas de crítica del libro Monseñor Lefebvre, nuestras relaciones con Roma,  afirma que Monseñor Lefebvre no tuvo como fin la restauración del reinado de Jesucristo en sus relaciones con Roma, no es así que el Capítulo 2006 lo comprendió.
3. Las condiciones previas fijadas con anterioridad por el Superior General deberán ser respetadas. Es una “necesidad”, establece el Capítulo.
4. Hay que hacer resonar más fuertemente en la Iglesia la voz de la doctrina tradicional.
5. Finalmente, no podrá haber acuerdo práctico más que sobre las bases doctrinales, un “acuerdo” puramente práctico es imposible.
Allí también el autor de las 16 páginas de crítica está en contradicción con el Capítulo 2006.
Monseñor Fellay violó todas las prescripciones.
Recordemos que: “El Capítulo (general) es una persona moral representando a todo el instituto (…) El Capítulo general tiene más poderes que el superior general que él elige. Él puede dictar leyes o por lo menos tomar medidas que deben permanecer en vigor hasta el capítulo siguiente” (Naz, Tratado de derecho canónico, Tomo 1 n° 816 § 1)
¿Qué hizo el Superior General?

PADRE PIVERT: EL COMBATE DE LA FE.- EDITORIAL

El Padre Pivert publicó en el último número de su revista Combat de la Foi, una serie de profundos estudios de todos los documentos que prueban la inversión de los principios de la Fraternidad y la traición del Superior General y sus asistentes. Hemos recibido algunos de esos estudios que traducimos y los publicamos esperando que sean de provecho para muchas almas.
Empezamos con el Editorial.

Estimados amigos de Combat de la Foi,
Numerosos acontecimientos acaban de sacudir a la Tradición. Para permitirles de ver claro y resistir, hemos editado en mayo pasado el número especial de Combat de la foi que usted recibió titulado Monseñor Lefebvre, nuestras relaciones con Roma. Nosotros lo hicimos sin nombrar ni juzgar ni condenar a nadie. La referencia a Monseñor Lefebvre fue la mejor garantía de objetividad.